¿Por qué el Infarto Agudo de Miocardio no es un evento de notificación obligatoria? | Dr. Claudio Cigalini

Recientemente, el Ministerio de Salud de la Nación incorporó al accidente cerebrovascular (ACV) y a la insuficiencia cardíaca descompensada al Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud (SNVS 2.0) como Eventos de Notificación Obligatoria.

La decisión merece ser celebrada. Contar con información nacional, continua y estandarizada sobre enfermedades cardiovasculares de enorme impacto permitirá conocer mejor su incidencia, evaluar la calidad de la atención, detectar inequidades y orientar adecuadamente los recursos sanitarios.

Sin embargo, la medida plantea una pregunta que considero difícil de soslayar: ¿Por qué no se incluyó también al infarto agudo de miocardio (IAM)?

El IAM continúa siendo una de las principales causas de morbimortalidad cardiovascular y constituye, al igual que el ACV, una emergencia vascular tiempo-dependiente. Su pronóstico está directamente relacionado con la rapidez del diagnóstico, el acceso a estrategias de reperfusión y la adecuada organización de redes asistenciales.

En Argentina se producen aproximadamente 55.000 infartos por año: más de 6 por hora, prácticamente uno cada 10 minutos. Y existe un dato todavía más impactante: una proporción muy importante de las muertes ocurre antes de que el paciente llegue al sistema de salud. Es decir, una parte sustancial de la verdadera magnitud del problema puede quedar fuera de los registros asistenciales habituales.

La notificación sistemática del IAM permitiría conocer con precisión cuántos infartos ocurren en nuestro país, dónde ocurren, qué proporción recibe reperfusión, mediante qué estrategia, cuáles son los tiempos hasta el tratamiento y qué diferencias existen entre provincias, regiones e instituciones.

Es decir, permitiría medir no solamente la enfermedad, sino también la respuesta de nuestro sistema sanitario frente a ella.

Resulta entonces razonable preguntarse cuáles fueron los criterios epidemiológicos y sanitarios utilizados para priorizar ACV e insuficiencia cardíaca y no incorporar al IAM dentro de la misma estrategia de vigilancia.

No se trata de cuestionar la inclusión de estas enfermedades. Todo lo contrario: se trata de ampliar una decisión que parece acertada.

Si hemos considerado que las enfermedades cardiovasculares no transmisibles de alto impacto merecen el mismo rigor de vigilancia que históricamente reservamos para otros eventos sanitarios, el infarto agudo de miocardio debería, al menos, formar parte de esa discusión.

Un registro nacional obligatorio de IAM podría convertirse en una herramienta extraordinaria para evaluar nuestras redes de reperfusión, identificar inequidades, mejorar resultados y orientar políticas públicas basadas en datos reales.

Muchos de los criterios que justificaron la incorporación del ACV y el IC son, seguramente, también compartidos por el IAM. Entonces, cabe preguntarse: ¿por qué no establecer también la obligatoriedad de su vigilancia?

Dr. Claudio Cigalini
Jefe SCITE | Hospital Privado de Rosario
Mat 9.763

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